“Esta teoría enmarca a la tecnología dentro del terreno de lo político y habilita una forma diferente para la comprensión del desarrollo tecnológico y el rol de los aspectos sociales en él. Desde esta mirada la tecnología es un producto cultural y, como tal, no puede ser neutral porque en ella se expresan tanto la cosmovisión como los intereses de los actores que participan en su diseño. Desde esta perspectiva se entiende que “…las herramientas que utilizamos moldean nuestra forma de vida en las sociedades modernas donde la técnica se ha generalizado” (Feenberg, 1999, p. 2). Además, su desarrollo no es autónomo sino que siempre existen variedad de tecnologías posibles y de caminos hacia el progreso entre los que se puede elegir. Esto conlleva comprender que un sistema tecnológico condiciona y limita las formas posibles de organización de la sociedad (Fourez, 2005). Por lo tanto, “El diseño de la tecnología es consecuentemente, una decisión ontológica plena de consecuencias políticas” (Feenberg, 2000, p.22).
Como corolario, desde la perspectiva de la Teoría Crítica, es una atribución y un derecho de los ciudadanos ejercer algún tipo de control sobre las decisiones de orden tecnológico que afectan su presente y su futuro, a través de la participación democrática (Giuliano, 2008).
Por lo expuesto entendemos que la Teoría Crítica habilita una reflexión sobre la tecnología en un contexto amplio y desde un pensamiento alternativo a la racionalidad tecnológica dominante. Abre la posibilidad de incorporar nociones tales como bien común, justicia social y equidad en las valoraciones sobre su desarrollo y permite entender que desde el diseño de artefactos y sistemas es posible incidir sobre el orden social existente.
Balmaceda, Villar & Cascón, 2019, p. 4.